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El ciclo de crecimiento chino cambia de rumbo

Tal y como nos comenta Chi Lo, responsable senior de estrategia de la región de Asia Pacífico, Pekín ha pasado de una dolorosa restructuración económica a una política orientada al crecimiento, ya que la ralentización del crecimiento de la economía china ha alcanzado niveles que ya no resultan tolerables para las autoridades del país.  

Ello significa que lo peor de la campaña de endurecimiento normativo ya ha pasado. El cambio político podría llevar a un moderado repunte del ciclo de crecimiento de la economía china este año.

Es probable que las políticas estructurales como la búsqueda de una mayor prosperidad común y la reducción de las emisiones de carbono se apliquen de forma mucho menos agresiva que en 2020 y 2021.

Además, Pekín ya ha repartido 1,46 billones de renminbis en cuotas especiales de bonos de gobiernos locales, lo que representa, al menos, un 40% del total previsto. Los fondos se utilizarán a principios de 2022 para impulsar la demanda agregada.

El Banco Popular de China contribuirá a los esfuerzos para respaldar el crecimiento con nuevas medidas de expansión monetaria, especialmente en los sectores de desarrollo ecológico y estratégico, que ocupan un lugar destacado en la agenda de prioridades del gobierno. 

A la hora de elegir entre la estabilización del crecimiento y la contención de los niveles de deuda, los gobiernos locales se inclinarán por las políticas orientadas al crecimiento en 2022, que se ha convertido en una prioridad política.

Indicadores que apuntan a un cambio de rumbo

Con las nuevas medidas de expansión monetaria y la emisión de bonos especiales, el crecimiento del crédito debería repuntar a principios de 2022. El Banco Popular de China ya ha recortado en un par de ocasiones los coeficientes de reservas de capital desde julio de 2021 por un total de 100 puntos básicos. Junto a ciertos recortes de tipos en sus mecanismos de crédito, como el mecanismo de crédito a medio plazo y el tipo preferencial aplicable a los préstamos, la política monetaria ha comenzado a estabilizar el impulso del crédito y el crecimiento de la demanda agregada.

En las declaraciones realizadas en diciembre de 2021, la Conferencia Central de Trabajo Económico dejó claro que la estabilización del crecimiento del PIB sería la máxima prioridad en 2022. Los responsables políticos están canalizando la liquidez hacia inversiones prioritarias en el desarrollo de la economía verde, el control del clima, la reducción de las emisiones de carbono, las nuevas energías, la alta tecnología y la fabricación de alto valor añadido.

La brusca ralentización del sector inmobiliario (véase gráfico 1) provocada por el endurecimiento normativo ha dado lugar a un aumento de los impagos, elevando la aversión al riesgo del mercado y agravando el riesgo de impago. El ritmo inicial de la corrección fue agresivo y disruptivo. Sin embargo, la rápida y asertiva reacción por parte de las autoridades ha contribuido a evitar una crisis sistémica, lo que demuestra que Pekín cuenta tanto con la capacidad como con las herramientas para contener las posibles crisis.

Las autoridades han tomado medidas para evitar los embargos de créditos, instando a los bancos a aumentar los préstamos para el desarrollo y eliminar las restricciones de emisión de bonos de titulización. Los gobiernos locales de las ciudades más afectadas han suavizado las restricciones al acceso de los promotores a los ingresos por preventas, que son una fuente de financiación crucial.

Creemos que el sistema bancario chino es lo suficientemente fuerte como para hacer frente a un aumento de la morosidad en los sectores inmobiliario y de la construcción [1].

Según el Fondo Monetario Internacional, los bancos chinos tuvieron de media un coeficiente de capital de nivel 1 del 12% en el primer trimestre de 2021 (últimos datos disponibles), lo que parece indicar que el sistema cuenta con un gran colchón financiero para imprevistos. Esto hace que sea posible controlar el riesgo de que una caída del mercado inmobiliario desestabilice la economía. El mercado ya lo debería haber descontado.

En el marco de las nuevas medidas destinadas a impulsar el crecimiento, se prevé que Pekín comience a suavizar sus agresivos objetivos de reducción de intensidad y consumo de energía, lo que podría aliviar las limitaciones al crecimiento. Las autoridades ya han mostrado una cierta flexibilidad al reducir las restricciones sobre la producción de carbón cuando los cortes de electricidad interrumpieron la producción y las cadenas de suministro y deterioraron el crecimiento del PIB a finales de 2021 (véase gráfico 2).

China ha cambiado su política en materia de descarbonización, desde el enfoque previo de «descarbonización a la fuerza» al marco actual de «inversión antes de la reducción». A partir de ahora, la campaña de reducción del carbono aumentará la inversión en fuentes de energía alternativas antes de abandonar las fuentes de energía tradicionales, especialmente el carbón, para minimizar la posible escasez de energía.

Principales riesgos a corto plazo

Los dos riesgos principales a los que se enfrenta el crecimiento son la reducción del crecimiento de las exportaciones y las nuevas mutaciones del coronavirus.

El sólido crecimiento de las exportaciones que ha registrado el país desde mediados de 2020 ha sido un resultado directo de la política de tolerancia cero al COVID. Ello ha permitido la rápida normalización de la producción china para satisfacer la demanda mundial, en un momento en el que dicha producción se encontraba paralizada en el resto del mundo [2]. 

Si el resto de las circunstancias no varían, una vez que se hayan normalizado la producción y el consumo en el resto del mundo, el crecimiento de las exportaciones chinas podría comenzar a debilitarse, lo que se traduciría en una reducción del crecimiento del PIB.

La variante ómicron o cualquier otra cepa del virus con mayor transmisibilidad apuntan a que la política china de cero tolerancia al COVID podría mantenerse durante más tiempo. Si China se ve obligada a intensificar sus medidas de contención del virus, con la aplicación de confinamientos y cierres de fronteras, el consumo y el sector servicios (que representa más del 50% del PIB) se enfrentarán a importantes dificultades.

Por otro lado, no está claro hasta qué punto otro brote de COVID en los mercados desarrollados podría impulsar el consumo de bienes procedentes de China. Es posible que la demanda de dichos bienes ya haya sido saciada en gran medida.

[1] Véase «Chi: Eventos de crédito en China (II): ¿se derrumbará el mercado inmobiliario?» 22 octubre 2021.  

[2] Véase «Chi on China: China’s Zero-Covid Policy – Timing, Benefits, Costs and Impact», 24 de noviembre de 2021. 


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