BNP AM

El inversor sostenible para un mundo en evolución

Family making snow angels

Semanal de inversiones: Todo va a ir bien

Durante las últimas tres semanas, los mercados financieros se han regido por las incógnitas relacionadas con la variante ómicron y los planes de política monetaria de la Reserva Federal. Los miembros del banco central estadounidense se han reunido y han comunicado sus intenciones, generando así un cierto optimismo. Nos viene a la cabeza una máxima del ámbito sanitario: primum non nocere. Es decir, antes de intervenir, hay que tener en cuenta el riesgo de provocar un daño. En el caso de la política de los bancos centrales, podríamos decir: «sobre todo, que no suponga una sorpresa».

Cambio de marcha de la política monetaria estadounidense

Las conclusiones de la última reunión del Comité de Mercado Abierto de la Reserva Federal (FOMC, por sus siglas en inglés) pueden resumirse en pocas palabras: 

  • Aceleración de la reducción de las compras de activos puestas en marcha durante la pandemia y fin de la expansión cuantitativa a mediados de marzo de 2022.
  • Incorporación de tres subidas de tipos de interés en 2022, tres más en 2023 y otras dos en 2024 al «diagrama de puntos», que resume los niveles de tipos de interés que los miembros del FOMC consideran apropiados. 

A simple vista, estas medidas ponen de manifiesto una actitud más enérgica por parte de la Reserva Federal, frente a la reunión de septiembre, cuando el banco central estadounidense publicó su resumen de previsiones económicas, y a la de noviembre, cuando anunció las primeras medidas para comenzar a reducir las compras de títulos del Tesoro estadounidense y bonos de titulización hipotecaria, por valor de 120.000 millones de dólares.

¿Ha sido realmente una sorpresa?

El rendimiento de los bonos estadounidenses se mantuvo prácticamente sin cambios tras el anuncio realizado por la Reserva Federal. El 15 de diciembre, el rendimiento de los títulos a diez años se situó en el 1,46%, tras registrar 1,44% el día anterior y 1,52% una semana antes. El de los títulos a dos años se situó en el 0,66%, cayendo ligeramente desde el 0,68% de la semana anterior. Estos niveles podrían cambiar en los próximos días, pero la optimista reacción del mercado, junto con el aumento de las valoraciones de la renta variable, no deja de ser sorprendente.

Hay dos explicaciones posibles.

Por un lado, las declaraciones del presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, en su comparecencia ante el Congreso estadounidense a finales de noviembre habían preparado el terreno y llevado al mercado a esperar estas medidas.

Por otro lado, a pesar de que la Reserva Federal ha revisado al alza sus previsiones de inflación y ahora prevé que el índice estadounidense de gastos en consumo personal subyacente (es decir, con exclusión de los precios de los alimentos y la energía) se sitúe en 2,7% a finales de 2022 (frente a la previsión anterior del 2,3%) y ha eliminado el término «transitorio» a la hora de calificar la inflación, se prevé que el nivel de los tipos de interés de los fondos federales se sitúe en 2,125% a finales de 2024, por debajo del nivel a largo plazo (o de equilibrio), estimado en el 2,5%.

¿Es la Reserva Federal prudente y agresiva al mismo tiempo? ¿Vamos a tener que empezar a llamarla la Reserva Federal de Schrödinger para reflejar esta paradoja? ¿Quién abrirá la caja para saber hacia dónde se inclina?

Situación sanitaria: seguimos evaluando la variante ómicron 

Ante la previsión de las autoridades médicas de que la variante ómicron, que es al menos igual de contagiosa que la delta, se convierta en unas pocas semanas en la dominante, los gobiernos están tomando medidas: están acelerando las campañas de la vacunación de refuerzo e imponiendo restricciones a los viajes.

Los inversores se centran en las noticias que les resultan tranquilizadoras y los bancos centrales parecen estar minimizando el riesgo que supone la variante ómicron, tras haber eliminado el coronavirus como elemento decisivo de sus decisiones de política monetaria. Las pruebas iniciales apuntan a que tres dosis de la vacuna ofrecen protección suficiente, y hay indicios preliminares que señalan que los pacientes infectados con esta nueva variante tienen menos probabilidades de sufrir formas graves de la enfermedad.

Las nuevas restricciones o la decisión de endurecer las restricciones existentes ya habían comenzado a aplicarse ante la quinta ola (la provocada por la variante delta), antes de la aparición de ómicron. Por supuesto, podría producirse otra repentina ralentización de la actividad global. Para evitar otro repunte de las infecciones, la política sanitaria debería centrarse en la aceleración de las vacunas de refuerzo.

China: es el momento de actuar ante la ralentización del crecimiento 

Mientras las economías desarrolladas tienden a evitar la política de cero tolerancia al COVID, esta sigue vigente en China y continúa afectando a la economía. No parece probable que las autoridades vayan a abandonar este enfoque en un futuro próximo. De hecho, los Juegos Olímpicos de invierno y la próxima celebración de la Asamblea Popular Nacional en marzo de 2022 podrían verse comprometidos en caso de reaparición de la pandemia.

Tras la ralentización del crecimiento del PIB registrada en el tercer trimestre, los datos recientes no muestran una brusca aceleración de la actividad industrial. Las cifras correspondientes a octubre y noviembre apuntan a una mayor incertidumbre de los consumidores.

Por lo tanto, no es de extrañar que la reciente reunión del politburó y la Conferencia Central de Trabajo Económico (CEWC, por sus siglas en inglés) apunten a una política económica más proactiva, destinada a impulsar la inversión y la confianza.

La CEWC ha manifestado que la «estabilidad» del crecimiento será una prioridad en 2022. Ha señalado cuáles son las tres áreas que ejercen presión sobre el crecimiento: las crisis de oferta, la contracción de la demanda y el debilitamiento de las expectativas. Todas ellas serán abordadas en 2022. Por el momento, el pasado 15 de diciembre el Banco Popular de China redujo en 50 puntos básicos los coeficientes de reservas de capital de algunos bancos, y podrá adoptar nuevas medidas a lo largo del año.

¿En qué situación encaran el final de año el resto de las economías?

El panorama resulta bastante dispar.

Las ventas minoristas en Estados Unidos resultaron decepcionantes en noviembre, pero se sitúan un 20% por encima del nivel previo a la pandemia. El país parece registrar una cierta normalización: tras la compra masiva de artículos para el hogar, especialmente productos electrónicos, el consumo podría dirigirse ahora a los servicios. La encuesta manufacturera regional de la Reserva Federal de Nueva York mejoró ligeramente en diciembre, gracias a la mejora de las condiciones actuales y al aumento de los nuevos pedidos. Los tiempos de entrega continúan siendo largos, pero se han reducido, en lo que podría ser un primer indicio de la disminución de los cuellos de botella.

En la eurozona, los primeros resultados de los índices de gestión de compras del mes de diciembre mostraron una ralentización del crecimiento. El índice compuesto cayó a su nivel más bajo de los últimos nueve meses, como resultado de la caída registrada por el índice de servicios (de 55,9 a 53,3) ante las restricciones sanitarias.

El índice manufacturero cayó mucho menos (de 58,4 a 58) y la producción aumentó. Las tensiones de las cadenas de suministro parecen haber disminuido.

Por el momento, vamos a confiar en los bancos centrales y a aceptar que las perspectivas económicas para 2022 siguen siendo positivas. Es el momento de celebrar el final de otro año intenso.


Todos los pareceres expresados en el presente documento son los del autor en la fecha de su publicación, se basan en la información disponible y podrían sufrir cambios sin previo aviso. Los equipos individuales de gestión podrían tener opiniones diferentes y tomar otras decisiones de inversión para distintos clientes. El presente documento no constituye una recomendación de inversión. El valor de las inversiones y de las rentas que generan podría tanto bajar como subir, y es posible que el inversor no recupere su desembolso inicial. Las rentabilidades obtenidas en el pasado no son garantía de rentabilidades futuras. Es probable que la inversión en mercados emergentes o en sectores especializados o restringidos esté sujeta a una volatilidad superior a la media debido a un alto grado de concentración, a una mayor incertidumbre al haber menos información disponible, a una liquidez más baja o a una mayor sensibilidad a cambios en las condiciones sociales, políticas, económicas y de mercado. Algunos mercados emergentes ofrecen menos seguridad que la mayoría de los mercados desarrollados internacionales. Por este motivo, los servicios de ejecución de operaciones, liquidación y conservación en nombre de los fondos que invierten en emergentes podrían conllevar un mayor riesgo.

Artículos relacionados

13:21 MIN
Talking heads – La renta fija multisectorial puede aportar mucho valor
El ciclo de crecimiento chino cambia de rumbo
4:41 MIN
Macroeconomía y mercados en 2022: reequilibrio de la oferta y la demanda