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¿Pueden los mercados privados ayudar a los inversores a resistir la oleada de inflación?

El envejecimiento de la población, el menor apetito por la austeridad y la repatriación de la producción manufacturera esencial figuran entre los factores que auguran un periodo de inflación sostenida. ¿Pueden los mercados privados ayudar a mantener la rentabilidad?

Nos hallamos en una tesitura complicada para los inversores, con fuertes subidas de la inflación y volatilidad en los mercados de renta variable debido a los temores de recesión. Muchos inversores tratarán de reposicionar sus carteras para invertir en activos mejor situados para capear esta tormenta económica. Esto incluye a muchas inversiones en mercados privados (es decir, activos no cotizados), sobre todo préstamos de alta calidad y financiación para pymes.

Estas inversiones sólidas y flexibles ofrecen varias características atractivas a los inversores. Además de permitirles diversificar sus carteras e invertir en sectores más resistentes ante una inflación creciente, les brindan acceso a activos cuya evolución tiende a no estar correlacionada con la renta fija y la renta variable cotizadas. Estas son características atractivas en cualquier momento, pero sobre todo en condiciones tan turbulentas e inciertas como las actuales.

Inflación: ¿un problema a largo plazo?

Cuando la inflación comenzó a subir en 2021, muchos analistas y pronosticadores consideraban que tal desarrollo sería transitorio, motivado sobre todo por problemas a corto plazo en las cadenas de suministro como consecuencia de la pandemia. Sin embargo, las conmociones de suministro se han visto exacerbadas por la guerra en Ucrania y por las sanciones impuestas a Rusia como consecuencia de la invasión. En este contexto, los precios del gas, del petróleo y de otras materias primas se han disparado.

No obstante, estos no son los únicos factores en juego. Varios cambios globales a largo plazo auguran la entrada de la economía mundial en una fase más inflacionaria, entre ellos:

  • Endeudamiento: a diferencia del periodo inmediatamente posterior a la crisis financiera global de 2007/2008, actualmente se duda en torno al apetito de las autoridades por la austeridad. Así, los bancos centrales podrían permitir que sus respectivas economías se calienten, en lugar de tomar medidas concertadas para mantener la inflación en niveles muy bajos.

  • Demografía: las economías occidentales no son las únicas en enfrentarse al envejecimiento de sus poblaciones. China también está experimentando un giro demográfico, y se prevé que su población en edad de trabajar va a disminuir. A medida que la población global pasa de ser productora neta a consumidora neta, la competencia por trabajadores productivos aumentará, lo cual espoleará la inflación salarial.

  • Globalización/proteccionismo: la pandemia ha revelado las vulnerabilidades de las cadenas de suministro globales. Hoy en día, los gobiernos reconocen que ciertos sectores (como productos médicos, vacunas y semiconductores) son esenciales para la autosuficiencia de su país, y por consiguiente, para la seguridad nacional. Las industrias también se están replanteando sus modelos “justo a tiempo” concentrados en la eficiencia, para incorporar la posibilidad de contingencias y mejorar la resiliencia de sus cadenas de suministro. Esto animará seguramente la repatriación de la actividad manufacturera en ciertas áreas, protegiendo la capacidad doméstica frente a la competencia internacional. Todo apunta a que esto encarecerá el proceso, ejerciendo más presión al alza sobre los precios.

  • Transición verde: a fin de ayudar a limitar las subidas de las temperaturas globales, cabe esperar una subida notable de los precios del carbono para desincentivar el uso de combustibles fósiles. De cara al futuro, la utilización de fuentes energéticas más renovables debería ser desinflacionaria, dado el bajo coste de producción marginal. Durante la fase de transición, no obstante, los esfuerzos para construir la infraestructura necesaria podrían ser costosos. Además, el suministro de energía renovable puede ser impredecible, ya que la tecnología de almacenamiento todavía se halla en fase de desarrollo y cualquier dependencia intermitente en la energía tradicional se ve complicada por el hecho de que su capacidad de suministro ya se está reduciendo. Esto podría conducir a escaseces de energía, y conducir a precios más altos e inestables.

Aunque pocos pronostican un retorno a los altos niveles de inflación de los años setenta, el consenso es que la inflación permanecerá elevada respecto a la década pasada. Dicho esto, quizá nos hallamos todavía en una fase inicial del proceso, que podría durar más tiempo de lo previsto inicialmente.

“Estamos entrando en un periodo de incertidumbre en torno a la inflación, con un mayor riesgo de que esta suba tanto a corto como a largo plazo”, afirma Laurent Gueunier, director de activos reales, préstamos a pymes y finanzas estructuradas en BNP Paribas Asset Management: “La inflación puede mermar la rentabilidad de los inversores, con lo que será cada vez más importante que gestionen este riesgo.”

Activos privados: opciones para los inversores

La inflación puede erosionar el poder adquisitivo de una cartera y perjudicar especialmente a los inversores que dependen de los flujos de caja generados de clases de activo de renta fija tradicionales. El paso a un rumbo de inflación más sostenido, incluso a niveles tan solo moderadamente más altos, representaría un cambio significativo desde el entorno desinflacionario de las últimas dos décadas. Bajo esas condiciones más benignas, un inversor típico con una mezcla de inversiones en renta fija y renta variable apenas tenía que preocuparse por cubrir los riesgos de inflación. La correlación negativa entre las acciones y los bonos le aportaba diversificación, pero ahora esto ha cambiado: ambas clases de activo han perdido terreno en los últimos meses. La decisión de los bancos centrales de subir los tipos de interés ha afectado a la rentabilidad de los instrumentos de renta fija, mientras que la inflación ha dañado a las valoraciones de las empresas, sobre todo en sectores donde los beneficios son más sensibles a los precios. Tampoco hay que olvidar la amenaza omnipresente de que la inflación pueda volcar a ciertas economías en una recesión, afectando más si cabe a los beneficios corporativos y a la volatilidad de las bolsas.

Así, podría ser buen momento para examinar las ventajas de los mercados privados y, concretamente, de las inversiones en financiación y préstamos a pymes. Estos activos pueden brindar cierta protección frente a la inflación sin renunciar a renta o rentabilidad.

El mercado de préstamos a pymes ha crecido de forma considerable en los últimos años, y actualmente existe un abanico de opciones de inversión disponibles. Los fondos, por ejemplo, ofrecen la ventaja adicional de la diversificación, al invertir en préstamos concedidos a un rango de pymes y compañías. Gueunier destaca que, en muchos casos, esta financiación se concede a empresas que no participan en los mercados de deuda cotizada, lo cual ayuda a los clientes de inversión a diversificar más si cabe sus carteras.

El préstamo a pymes ha evolucionado con fines más financieros que de inversión, a fin de proporcionar flujos de financiación alternativos a los de los bancos tradicionales. Según Gueunier, esto significa que los préstamos tienden a ser sólidos y flexibles, pues los prestamistas originadores desean maximizar su capacidad de devolución a través de distintos ciclos de mercado. Por consiguiente, los impagos no han sido un problema significativo. Está claro que los incumplimientos corporativos no deben perderse de vista, dado el panorama económico más incierto, pero concentrándonos en empresas y sectores más sólidos facilita la gestión de los riesgos.

Gueunier: “No todas las empresas y los préstamos a pymes son iguales. Buscamos financiación de firmas que lideran nichos de mercado, en lugar de concentrarnos en compañías que compiten con grandes actores o cuyos modelos de negocio dependen en grandes volúmenes de ventas y márgenes pequeños.”

El fondo invierte en compañías que generan altos niveles de efectivo, con una base de activos de alto valor, en las que Gueunier identifica “poder de fijación de precios”: “Buscamos empresas más resistentes a subidas de costes y de los precios de las materias primas, capaces de repercutirlas a sus clientes al haber una demanda creciente de sus productos o servicios.” En su opinión, esto incluye a pymes en varios sectores clave, como tecnología, sanidad, farmacia, servicios corporativos y educación. Si estas empresas son capaces de resistir las presiones inflacionarias, continuarán devolviendo sus préstamos y aportando flujos de caja valiosos a los inversores.

Muchos préstamos en los mercados privados son a tipo flotante, al ser instrumentos bancarios esenciales que proporcionan financiación a corto plazo. No obstante, Gueunier afirma que es posible pasar de un tipo flotante a opciones a tipo fijo en el mercado de préstamos a pymes, algo que los inversores podrían considerar en el actual entorno de mercado: “Esto podría añadir un 2,5% de rentabilidad adicional sin asumir más riesgo”, explica.

El reto para los inversores en los próximos años será navegar la inflación y proteger sus carteras. Diversificando a través de los mercados privados y recabando más información sobre las opciones disponibles, como por ejemplo el mercado de préstamos a pymes, podrán seguramente posicionarse mejor para capear la incertidumbre.

Información importante

Algunos artículos pueden contener lenguaje técnico. Por esta razón, pueden no ser adecuados para lectores sin experiencia profesional en inversiones. Todos los pareceres expresados en el presente documento son los del autor en la fecha de su publicación, se basan en la información disponible y podrían sufrir cambios sin previo aviso. Los equipos individuales de gestión podrían tener opiniones diferentes y tomar otras decisiones de inversión para distintos clientes. El presente documento no constituye una recomendación de inversión. El valor de las inversiones y de las rentas que generan podría tanto bajar como subir, y es posible que el inversor no recupere su desembolso inicial. Las rentabilidades obtenidas en el pasado no son garantía de rentabilidades futuras. Es probable que la inversión en mercados emergentes o en sectores especializados o restringidos esté sujeta a una volatilidad superior a la media debido a un alto grado de concentración, a una mayor incertidumbre al haber menos información disponible, a una liquidez más baja o a una mayor sensibilidad a cambios en las condiciones sociales, políticas, económicas y de mercado. Algunos mercados emergentes ofrecen menos seguridad que la mayoría de los mercados desarrollados internacionales. Por este motivo, los servicios de ejecución de operaciones, liquidación y conservación en nombre de los fondos que invierten en emergentes podrían conllevar un mayor riesgo.

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